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¡Maestros, no obliguen a sus alumnos a leer un libro!

Esta publicación originalmente tenía el título de ¿Cuánto has leído este año? pero al ir escribiendo me desvié a un tema más específico e interesante: el efecto que tienen las tareas que encargan los maestros de leer algún texto. Tranquilos, no he tenido un achaque emocional y he cambiado de parecer ante la literatura y cultura. Pronto descubrirán lo que hay detrás de esta exclamación.

He dejado lo que escribí inicialmente porque me pareció una buena introducción a todo esto: El porqué no se lee mucho en México. ¿Hay alguna incongruencia entre el título y esta frase? Pues, tranquilos, traigan una taza de café, té o refresco porque ando un poco inspirado jajaja.

Espero que lo que aquí les presento se les haga interesante.

(Esto es parte de lo que comenzó con mi publicación original:)

¿Cuántos libros has leído? ¿Cuántos artículos? ¿Cuántas revistas? ¿Cuántos periódicos?

Algunos han contestado a la encuesta que puse a la derecha de este blog con la primera respuesta: “Hacer que nuestros hijos lean más”. Pero yo les pregunto ¿ustedes leen más?

Todos, pero sobretodo los niños, aprendemos imitando. Y más que nada imitamos a quien admiramos o quien pensamos que debemos admirar. Cuando se es niño uno admira y sigue el ejemplo de sus padres más que al de otras personas. Por lo tanto, es obvio que si nosotros no leemos, nuestros hijos no leerán.

Pero vamos más allá, no solo los que tienen hijos cargan con esa responsabilidad. Recordando un artículo que escribí hace unas semanas, el poder de influencia que tiene una persona sobre su amigo es grandísimo (claro, dependiendo de lo estrecho de la relación), y abarca hasta las costumbres.

¿Cuántas veces no han escuchado decir a alguien “A mí no me gustaba ese grupo de música pero luego llegó Fulanito, que adoraba ese grupo, y poco a poco me fue gustando”? ¿No han dicho ustedes alguna vez eso? ¿No han hecho a alguien decir eso?

Excusas para no leer puede haber muchas; “no tengo tiempo” y “no tengo dinero para comprar un libro” son las más comunes. Pero, en primera, para solucionar lo del dinero están las bibliotecas públicas o Internet. Segundo, tiempo siempre hay. Siempre encontramos un rato para ver la tele ¿o no? Por más ocupado que esté uno, que por el trabajo, limpiar la casa, cuidar a los niños, etc., no está, literalmente, ocupado las 24 horas del día durante los siete días de la semana. Lo que pasa es que no se está acostumbrado a usar el tiempo libre para una buena lectura.

“Buena lectura”, eso sonó interesante . ¿Por qué buena? ¿Acaso hay lecturas malas? Para mí, hay dos formas en las cuales una lectura puede ser “mala”.

Que no sea un tema interesante. Personalmente, yo haría a un lado un libro sobre economía. Todos tenemos temas que nos aburren a raudales; economía sería uno de los míos.

Que sea obligatorio leer un texto. Este es un punto muy interesante, digno para un “post” entero…o dos. No podemos evitar sentirnos presionados o reacios a leer un libro o un artículo si alguien nos ordena hacerlo. El ejemplo más claro y común: el maestro que nos dice que leamos un libro para luego sacar una reseña o un ensayo sobre él. Y lo peor de todo: ¡es un tema que no nos interesa! ¡Madre mía! Las calamidades se han juntado y nos llevan directito al averno.

Los maestros piensan que esto fomenta la lectura y están haciendo una contribución al país… Aquí quiero hacer una cita a Guillermo Sheridán:

“En México la clase ilustrada es aún más bruta que la clase iletrada”

Esta frase la pueden encontrar aquí (http://www.letraslibres.com/index.php?art=12023).

Ahora, veamos el porqué de esa frase y la declaración que hice hace un momento.

Si un alumno es forzado a leer algo encontra de su voluntad (¡Qué dramático sonó eso!), no se le está incentivando a leer más, y mucho menos si es un tema que no le interesa. Entonces, se está creando el efecto opuesto al que se quiere lograr: que los alumnos se interesen en el tema y de paso en la lectura. Está acabando con las esperanzas de formar ese hábito tan útil. Están cortando las ramas antes de que florezca el árbol.

El reto es que uno tiene que sembrar la curiosidad por el tema sin obligarlos a leer textos sobre él. Si se logra sembrar esa curiosidad, el alumno buscará por sí mismo más información del tema y sin darse cuenta estará leyendo por saber, más que por el simple placer de leer. Lo que lo llevará a disfrutar la lectura, pues la asocia a algo que le gusta: satisfacer su propia curiosidad.

Desgraciadamente en México hay muy pocos maestros(as) que tienen verdaderamente la vocación de serlo y buscan la forma de mejorar, no quedarse con los mismos procedimientos de enseñanza. Pocos retan al programa impuesto por la SEP, que tiene infinidad de fallas, para llevar a cabo su labor: educar. Pocos evalúan objetivamente los resultados de sus clases a lo largo de los meses sin dejarse llevar por la idea del “debería ser así”, viendo lo que realmente es y fue.

Si uno es más inteligente que los ratones de laboratorio, se da cuenta de que obtiene un mismo resultado porque está haciendo lo mismo una y otra vez. Hay que aventurarse a probar algo nuevo.

A veces no podemos atacar a un problema de frente. Como un tigre no puede atacar a su presa llegando de frente a ella, pues ésta lo verá y correrá oportunamente; tiene que llegar sigilosamente por detrás. Dar sermones del porqué leer es bueno (o sobre cualquier tema) nunca sirve, por más que lo hagamos (¡Sean más inteligentes que un ratón de laboratorio!). Hay que darle sentido a la lectura, no darles de sopetón un libro y decir ¡Léelo! Deben dar un porqué para leer. Si llegan de frente queriendo atacar al problema, asustaran a su presa alumno y provocarán que le disguste leer, pues lo asocia a algo obligatorio que no lo deja con más salidas si quiere pasar la materia.

Al juntar las dos maneras de hechar a perder la lectura están alejando a sus alumnos del hábito de leer por placer, por informarse de algo de su interés, por diversión, por curiosidad… Así que piensa ¿realmente estás obteniendo el resultado que deseas? (ah, pero antes pregúntate ¿qué resultado deseas?).

Qué lindo es leer un libro cuando nadie te obliga a leerlo, pasar cada página con la serenidad de saber que no estás corriendo por salvar una calificación, llenar de momentos de suspenso, intriga, risa o sorpresa tus horas de ocio; Sentir curiosidad por el siguiente capítulo de un libro en vez de preocuparse por dónde podemos encontrar una reseña en Internet para entregarla al maestro(a) la siguiente semana, preguntarse si el personaje principal resuelve el misterio y no preguntarse si alguien más encontró el mismo ensayo en Internet y lo entregue antes que nosotros.

Pienso que actualmente muchos maestros están deshaciendo el trabajo que los padres no hicieron al no inculcar a sus hijos a la lectura (¡Válgame! Deshacer un trabajo que ni siquiera está hecho…). No basta con decir que “hay que predicar con el ejemplo”, ¡Hay que hacerlo! Jamás esperen que sus hijos lean si ustedes no lo hacen. Y si no son padres, no esperen ver a un México lector si no invitan a sus amigos a leer (pero no olviden que NO deben dar sermones); coméntenles sobre un libro que les haya gustado, pero no remarquen el hecho de que es un libro sino la historia y lo que no olvidarán de ella.

A los padres: lean con sus hijos. Y el mismo consejo, no remarquen tanto que hay que leer, remarquen lo divertido que pueden ser las historias o saciar una curiosidad.

Por eso digo ¡Maestros, no obliguen a sus alumnos a leer un libro!

  1. Emy G.
    noviembre 27, 2010 a las 10:13 pm

    Y te repito, ¡esto hizo que me inflara como paloma en la plaza de Armas, jajajaja! La lectura es algo de lo que uno cae enamorado, no se le puede obligar a nadie a enamorarse, ¿o sí? Nos seduce poco a poco, hasta que caemos rendidos a sus pies.. o ante sus páginas XD En fin, concuerdo contigo en que el “obligar”(y entre comillas, porque el alumno perfectamente podria decir que no lo leerá y ya) es contraproducente. Creo que si un maestro fuera un amante de la lectura, vería lo absurdo del método. Dime si acaso cualquiera de nosotros, bibliófilos, veríamos algo de sentido común en condicionar la lectura… Claro que no. Por supuesto, no me las estoy dando de maestra, pero en mi particular punto de vista un maestro debería ser un lector asiduo, ¡dado que los libros son su principal herramienta de trabajo! En fin… pensando en el tema de los maestros y la educación en México… ¿has observado cuántos maestros no pueden contestar una duda del alumnado en su clase? ¿Y a cuántos más no les gusta impartir clase? ¿Y a cuántos más no les agrada la materia que imparten? Y por último: ¿Cuántos están realmente especializados en la materia que imparten? Creo que eso sería un buen tema para el próximo post. Saludos dcow92 :)

    • noviembre 28, 2010 a las 9:22 pm

      Jajaja como paloma…
      Me has hecho recordar algo de lo que quería escribir hace tiempo y publicarlo: “¿Qué es ser maestro?” La idea me vino, precisamente, por algo que me dijo un maestro (¡valga la redundancia!) y estuvo en mi mente muy presente todo el día y el día siguiente…luego se calmó (se sentó a descansar). Pero tengo que darle vida tangible (si es que se puede decir así…).

  1. diciembre 18, 2010 a las 10:22 pm

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