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Técnicas para leer más rápido

julio 12, 2011 1 comentario

Andando en Internet me encontré una serie de consejos y ejercicios para mejorar nuestra lectura. En definitiva, hay que probarlos. Yo lo haré esta misma noche.

(Fuente: http://www.aulafacil.com/Tecestud/Lecciones/Lecc10.htm)

Cuando leemos solemos incurrir de forma inconsciente en ciertos vicios que ralentizan considerablemente nuestra velocidad de lectura. Estos vicios son:

1.- Leer palabra por palabra: Es la forma que aprendimos de pequeño. Lo leemos todo, sustantivos, verbos, adjetivos, y también artículos, conjunciones y preposiciones, con independencia de que algunas de estas palabras apenas aporten información.

Por ejemplo: “El colegio de mi hermana está cerca de mi casa” Al leer esta frase iremos leyendo todas sus palabras.

2.- Subvocalización: Al leer tendemos a ir pronunciando las palabras, ya sea moviendo los labios o mentalmente.

3.- Regresión: También tendemos continuamente a dirigir la vista atrás, sobre lo que ya hemos leído, para asegurarnos de que entendemos lo que estamos leyendo.

Frente a esta lectura lenta, el estudiante debe tratar de leer rápido ya que esto le reporta las siguientes ventajas:

1.- Ahorro de tiempo en la lectura: Tiempo que podrá dedicar a avanzar en el estudio o simplemente a descansar.

2.- Mayor concentración: La lectura rápida predispone a prestar más atención, haciendo que sea un tiempo de estudio más provechoso.

Hay que tratar de aproximar la velocidad de lectura a la velocidad del pensamiento (la velocidad del pensamiento suele ser entre 3 y 5 veces más rápida que la de lectura).

El estudiante debe comenzar midiendo su velocidad de lectura.

Debe leer un texto durante 5 minutos y calcular el numero de palabras leídas.

Para ello realizará un cálculo aproximado: cuenta el número de palabras que hay en un renglón estándar y el número de renglones leídos. Multiplicando estas dos cifras obtiene una aproximación del número de palabras leídas. Esta cifra se divide por 5 y se obtiene una medida de la velocidad de lectura (nº de palabras por minuto).

¿Qué se puede hacer para leer más rápido?

1.- Evitar la vocalización, tanto oral como mental. Intentar no mover los labios, manteniendo la boca relajada.

El pronunciar mientras se lee puede reducir la velocidad de lectura hasta en un 50%. Hay que aprender a reconocer la palabra por su aspecto y no por su pronunciación.

2.- Evitar releer. No se debe volver la vista atrás bajo ningún concepto, aunque pensemos que algo se nos ha podido escapar. Con la práctica nos habituaremos a poner la máxima atención en la lectura, evitando de este modo perder información.

Si no se comprende bien el texto es preferible darle una segunda lectura completa que ir constantemente releyendo. Se puede utilizar un lápiz para señalar por donde va uno leyendo y evitar de este modo saltos de línea.

3.- Reducir las fijaciones de los ojos. Aunque no nos demos cuenta, cuando leemos vamos fijando (parando) los ojos en cada palabra, y dentro de ella en cada letra.

Hay que tratar de ir ampliando el campo de visión: de una letra pasar a varias letras, luego a una palabra, y después a varias palabras. Con una fijación de la vista se puede llegar a leer hasta tres palabras a la vez.

Los ojos deben realizar un movimiento suave, continuo, y no una sucesión de breves paradas. Es un aprendizaje complicado pero que con la práctica se consigue.

4.- Centrar la atención en las palabras que aporten significado. Hay que fijarse en los sustantivos, verbos, adjetivos y adverbios, desechando artículos, preposiciones y conjunciones.

Por ejemplo: “El colegio de mi hermana está cerca de mi casa”

Quedaría reducido a: “colegio hermana cerca casa”

5.- Al final de la lectura se buscarán en el diccionario las palabras que no se hayan entendido. En lugar de ir interrumpiendo la lectura cada vez que aparece una palabra que no se entiende, es preferible anotarlas en un papel y al final de la lectura buscarlas en un diccionario.

Para una lectura rápida es importante también cuidar los siguientes puntos:

1.- Iluminación: hay que contar con buena iluminación. La luz natural es mejor que la artificial, pero si no puede ser es preferible combinar una luz central que ilumine toda la habitación y otra luz (preferentemente bombilla azul), no demasiado intensa, centrada sobre el texto.

2.- Postura: el estudiante debe leer sentado, con una postura cómoda (el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante) y con el libro centrado (que las líneas queden horizontales) apoyado en la mesa (la altura de la mesa debe ser la adecuada).

3.- Silencio. Una lectura rápida exige una gran concentración, y para ello es necesario evitar cualquier distracción. Si se quiere oír música que sea tranquila, a ser posible sólo instrumental, y con el volumen bajo.

Se puede mejorar considerablemente la velocidad de lectura.

Hay diversos ejercicios para ello, si bien la mejor manera de aprender a leer rápido es forzarse uno mismo a hacerlo. Al principio se perderá mucha información, pero con la práctica se irá dominando esta técnica.

Entre los ejercicios se pueden mencionar los siguientes:

1.- Localizar dentro de un texto una palabra preseleccionada previamente. Por ejemplo: en un artículo deportivo sobre fútbol tratar de localizar la palabra “delantero”. Hay que hacerlo rápidamente y luego chequear que se han localizado todas.

2.- Localizar informaciones específicas dentro de un texto. Por ejemplo, en un artículo periodístico sobre política localizar rápidamente los nombres de todos los partidos políticos mencionados. Luego chequear el resultado.

3.- Ampliar gradualmente el campo de fijación del ojo. Tomar una hoja de un periódico estructurada por columnas relativamente estrechas (por ejemplo, 5 columnas por hoja).

Seleccionar una columna y trazar una línea vertical por el medio. Leer la columna bajando los ojos por la línea vertical, sin apartarse de ella.

Comprobar si se ha captado toda la información.

En definitiva, el estudiante debe tratar de mejorar su velocidad de lectura pero sin comprometer una buena comprensión del texto (puede perder algún detalle, pero nunca información esencial).

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Primero lee lo que dice

marzo 18, 2011 Deja un comentario

Como a toda persona que sabe algo de computación me han preguntado muchas veces por qué sucede algún problema en una computadora. Que salió un mensaje que dice “no sé qué” o que apareció un error de la nada y ya no pueden hacer lo que querían hacer. Esas y muchas otras variantes de lo que yo interpreto como “no leí lo que dice el mensaje de error” han llegado a mis oídos en busca de ayuda.

Antes de continuar debo aceptar que yo también hacia eso con mi hermano cuando yo era pequeño (más pequeño…); cada que me salía un mensaje de error en la pantalla, ya sea que lo haya dejado abierto o que le haya picado el botón que traía y siguiera tratando de hacer lo que estaba haciendo, iba con el y le decía que la computadora ya no me dejó continuar y no sabía por qué. Lo primero que me preguntaba era “¿qué decía el mensaje de error?” y ¡ah! cómo recuerdo las incontables veces que respondía con un “ah……no sé…”. Él, por supuesto, se molestaba, pero igual me ayudaba :) (¡Gracias!). Otro punto que quiero recalcar antes de continuar es que sé que hay otro inconveniente a la hora de leer un mensaje de error: a veces viene en inglés (por eso para quienes usan una computadora considero obligatorio que sepan algo de inglés, pero ese no es el tema de hoy).

Teniendo esas cosas en cuenta, ahora sí aquí va mi recomendación: ¡Lean! No es como si fueran a leer un libro entero, son solo un par de renglones, a veces solo uno. Creanme, aunque no sepan muy bien inglés, con unas cuantas palabras que identifiquen puede suceder que entiendan más o menos de qué se trata el problema, con lo que se evitarán perder la perdida de su propio tiempo y de la persona a quien le pidan ayuda (que lo primero que les preguntará es “¿Qué decía el mensaje?”). No digo que me da coraje que me pidan ayuda (al contrario), pero ahora comprendo que sí molesta un poco que pidan que se les solucione cada problemita sin que ustedes hayan querido mover ni un solo dedo (ni los ojos para leer). No es lo mismo que pidan ayuda después de haber leído el mensaje, tratado de entender por qué pasó eso y que aún así no comprendan lo que sucedió a que pidan una solución en cuanto apareció el error sin haberlo leído. Ahí también se ve reflejada la cultura que tenemos de pedir que nos solucionen las cosas sin que nosotros hagamos un esfuerzo por encontrar una solución nosotros mismos.

Esto es un consejo que recibí de mi hermano y, a pesar de que me llevó un buen tiempo, lo tomé. Ahora se los doy a ustedes. Es difícil comprender lo que le dicen a uno hasta que lo intenta y lo logra, por eso les pido que lo intenten. Espero que un día compredan lo importante y lo útil que es leer antes de correr por ayuda.

…¿tan reacios somos para leer que incluso una o dos líneas de texto hacen que volteemos la cabeza a otro lado y llamemos a alguien?

Algo típico que pasa con algunas personas cuando les digo que lean primero y que luego ya me pregunten, es que se molestan y me reprochan que no les quiero ayudar. Eso sí molesta ¡Quiero ayudarles más de lo que creen! Una vez vi una frase que decía mas o menos así: “Dale un pez a un hombre hambriento y comerá un día, enseñale a pescar y lo alimentarás toda la vida”. ¡Quiero enseñarles a pescar! no se enojen si piden ayuda y les salgo con eso de preguntarles ya saben qué cosa (Aplicable a cualquier persona a la que llamen para solucionar un problema con la comptuadora). Me molesta, más que nada, la actitud de no querer aprender por qué suceden las cosas, sobre todo con algo que en la actualidad utilizamos bastante: la computadora.

Aun si no entienden lo que dice el mensaje, ya sea porque está en inglés o porque tiene vocabulario técnico ¡leanlo! después pregunten a alguien que sepa y pidan que les explique lo que pasa. Así, ustedes ya irán asociando ese mensaje con una causa y una solución.

¡Pero qué cosas digo! Leer para aprender o comprender por qué sucede algo es un hábito que deberíamos tener en todo momento, no solo en estos casos. Bien decía Einstein “No es que sea inteligente, es que soy sumamente curioso”.

Así que, cuando haya aparecido un error en su computadora pregúntense: “¿Qué decía el mensaje de error?“.

Que tengan un buen día :)

DCOW92

¡Maestros, no obliguen a sus alumnos a leer un libro!

noviembre 27, 2010 3 comentarios

Esta publicación originalmente tenía el título de ¿Cuánto has leído este año? pero al ir escribiendo me desvié a un tema más específico e interesante: el efecto que tienen las tareas que encargan los maestros de leer algún texto. Tranquilos, no he tenido un achaque emocional y he cambiado de parecer ante la literatura y cultura. Pronto descubrirán lo que hay detrás de esta exclamación.

He dejado lo que escribí inicialmente porque me pareció una buena introducción a todo esto: El porqué no se lee mucho en México. ¿Hay alguna incongruencia entre el título y esta frase? Pues, tranquilos, traigan una taza de café, té o refresco porque ando un poco inspirado jajaja.

Espero que lo que aquí les presento se les haga interesante.

(Esto es parte de lo que comenzó con mi publicación original:)

¿Cuántos libros has leído? ¿Cuántos artículos? ¿Cuántas revistas? ¿Cuántos periódicos?

Algunos han contestado a la encuesta que puse a la derecha de este blog con la primera respuesta: “Hacer que nuestros hijos lean más”. Pero yo les pregunto ¿ustedes leen más?

Todos, pero sobretodo los niños, aprendemos imitando. Y más que nada imitamos a quien admiramos o quien pensamos que debemos admirar. Cuando se es niño uno admira y sigue el ejemplo de sus padres más que al de otras personas. Por lo tanto, es obvio que si nosotros no leemos, nuestros hijos no leerán.

Pero vamos más allá, no solo los que tienen hijos cargan con esa responsabilidad. Recordando un artículo que escribí hace unas semanas, el poder de influencia que tiene una persona sobre su amigo es grandísimo (claro, dependiendo de lo estrecho de la relación), y abarca hasta las costumbres.

¿Cuántas veces no han escuchado decir a alguien “A mí no me gustaba ese grupo de música pero luego llegó Fulanito, que adoraba ese grupo, y poco a poco me fue gustando”? ¿No han dicho ustedes alguna vez eso? ¿No han hecho a alguien decir eso?

Excusas para no leer puede haber muchas; “no tengo tiempo” y “no tengo dinero para comprar un libro” son las más comunes. Pero, en primera, para solucionar lo del dinero están las bibliotecas públicas o Internet. Segundo, tiempo siempre hay. Siempre encontramos un rato para ver la tele ¿o no? Por más ocupado que esté uno, que por el trabajo, limpiar la casa, cuidar a los niños, etc., no está, literalmente, ocupado las 24 horas del día durante los siete días de la semana. Lo que pasa es que no se está acostumbrado a usar el tiempo libre para una buena lectura.

“Buena lectura”, eso sonó interesante . ¿Por qué buena? ¿Acaso hay lecturas malas? Para mí, hay dos formas en las cuales una lectura puede ser “mala”.

Que no sea un tema interesante. Personalmente, yo haría a un lado un libro sobre economía. Todos tenemos temas que nos aburren a raudales; economía sería uno de los míos.

Que sea obligatorio leer un texto. Este es un punto muy interesante, digno para un “post” entero…o dos. No podemos evitar sentirnos presionados o reacios a leer un libro o un artículo si alguien nos ordena hacerlo. El ejemplo más claro y común: el maestro que nos dice que leamos un libro para luego sacar una reseña o un ensayo sobre él. Y lo peor de todo: ¡es un tema que no nos interesa! ¡Madre mía! Las calamidades se han juntado y nos llevan directito al averno.

Los maestros piensan que esto fomenta la lectura y están haciendo una contribución al país… Aquí quiero hacer una cita a Guillermo Sheridán:

“En México la clase ilustrada es aún más bruta que la clase iletrada”

Esta frase la pueden encontrar aquí (http://www.letraslibres.com/index.php?art=12023).

Ahora, veamos el porqué de esa frase y la declaración que hice hace un momento.

Si un alumno es forzado a leer algo encontra de su voluntad (¡Qué dramático sonó eso!), no se le está incentivando a leer más, y mucho menos si es un tema que no le interesa. Entonces, se está creando el efecto opuesto al que se quiere lograr: que los alumnos se interesen en el tema y de paso en la lectura. Está acabando con las esperanzas de formar ese hábito tan útil. Están cortando las ramas antes de que florezca el árbol.

El reto es que uno tiene que sembrar la curiosidad por el tema sin obligarlos a leer textos sobre él. Si se logra sembrar esa curiosidad, el alumno buscará por sí mismo más información del tema y sin darse cuenta estará leyendo por saber, más que por el simple placer de leer. Lo que lo llevará a disfrutar la lectura, pues la asocia a algo que le gusta: satisfacer su propia curiosidad.

Desgraciadamente en México hay muy pocos maestros(as) que tienen verdaderamente la vocación de serlo y buscan la forma de mejorar, no quedarse con los mismos procedimientos de enseñanza. Pocos retan al programa impuesto por la SEP, que tiene infinidad de fallas, para llevar a cabo su labor: educar. Pocos evalúan objetivamente los resultados de sus clases a lo largo de los meses sin dejarse llevar por la idea del “debería ser así”, viendo lo que realmente es y fue.

Si uno es más inteligente que los ratones de laboratorio, se da cuenta de que obtiene un mismo resultado porque está haciendo lo mismo una y otra vez. Hay que aventurarse a probar algo nuevo.

A veces no podemos atacar a un problema de frente. Como un tigre no puede atacar a su presa llegando de frente a ella, pues ésta lo verá y correrá oportunamente; tiene que llegar sigilosamente por detrás. Dar sermones del porqué leer es bueno (o sobre cualquier tema) nunca sirve, por más que lo hagamos (¡Sean más inteligentes que un ratón de laboratorio!). Hay que darle sentido a la lectura, no darles de sopetón un libro y decir ¡Léelo! Deben dar un porqué para leer. Si llegan de frente queriendo atacar al problema, asustaran a su presa alumno y provocarán que le disguste leer, pues lo asocia a algo obligatorio que no lo deja con más salidas si quiere pasar la materia.

Al juntar las dos maneras de hechar a perder la lectura están alejando a sus alumnos del hábito de leer por placer, por informarse de algo de su interés, por diversión, por curiosidad… Así que piensa ¿realmente estás obteniendo el resultado que deseas? (ah, pero antes pregúntate ¿qué resultado deseas?).

Qué lindo es leer un libro cuando nadie te obliga a leerlo, pasar cada página con la serenidad de saber que no estás corriendo por salvar una calificación, llenar de momentos de suspenso, intriga, risa o sorpresa tus horas de ocio; Sentir curiosidad por el siguiente capítulo de un libro en vez de preocuparse por dónde podemos encontrar una reseña en Internet para entregarla al maestro(a) la siguiente semana, preguntarse si el personaje principal resuelve el misterio y no preguntarse si alguien más encontró el mismo ensayo en Internet y lo entregue antes que nosotros.

Pienso que actualmente muchos maestros están deshaciendo el trabajo que los padres no hicieron al no inculcar a sus hijos a la lectura (¡Válgame! Deshacer un trabajo que ni siquiera está hecho…). No basta con decir que “hay que predicar con el ejemplo”, ¡Hay que hacerlo! Jamás esperen que sus hijos lean si ustedes no lo hacen. Y si no son padres, no esperen ver a un México lector si no invitan a sus amigos a leer (pero no olviden que NO deben dar sermones); coméntenles sobre un libro que les haya gustado, pero no remarquen el hecho de que es un libro sino la historia y lo que no olvidarán de ella.

A los padres: lean con sus hijos. Y el mismo consejo, no remarquen tanto que hay que leer, remarquen lo divertido que pueden ser las historias o saciar una curiosidad.

Por eso digo ¡Maestros, no obliguen a sus alumnos a leer un libro!

Influencia

octubre 24, 2010 1 comentario

Hoy me sentí con ganas de escribir, por fin, algo que rondaba en mi mente desde hace unos días. Espero que les guste.

Y he aquí mi intento de artículo:

Me alegra que los medios de comunicación no han llegado a tener el poder suficiente para superar la influencia que tienen los comentarios de nuestros amigos. Una recomendación de parte de alguien a quien estimamos tiene mucho más poder de influír en nuestra decisión final de adquirir un producto, servicio o visitar algún sitio. Como dije alguna vez, la mejor publicidad es la que te hacen tus propios clientes. Por tanto, eso implica que tu producto o servicio sea bueno o tal vez excelente.

Pero de la publicidad no he venido a hablar aquí, simplemente quería sentar la base de este artículo. Quiero ver esto desde otro punto. Si un anuncio del gobierno te dice “Tira la basura en su lugar” ¿lo haces? o más bien ¿lo haces porque ellos te dijeron? Yo pienso que casi nadie hace caso de esa recomendación. Los que tiran la basura en los botes y no en el piso es porque ya tienen ese hábito, no porque un anuncio se los dice. Igual pasa con los anuncios que te dicen “Di no a las drogas”. ¿A cuántas personas han oído que han salvado esos comerciales? ¿A cuántos han oído decir “Yo iba a tomar drogas pero recordé a la florecita mariguanera y me detuve”? Ahora, en cambio ¿a cuántos han oído decir “Yo iba a tomar drogas pero mi amigo Fulanito me ayudó a no caer en eso”?
Entonces, un amigo tiene más poder sobre nosotros que un extraño detrás de la pantalla diciéndote que tomes cierto medicamento para curar las varices o queriendo venderte unos tennis con los que te puedes balancear para adelante y atrás. ¡Hurra por eso! Aunque… puede haber veces en que es contraproducente, pero eso ya es cuestión de ustedes.

Les pongo un ejemplo de este poder: iba yo caminando con un amigo por un terrenito que no se cómo llamar porque no era banqueta y mucho menos calle pero no era lo suficientemente grande para ser un solar… en fin, ese no es el punto. Ibamos caminando por ahí y a él se le cae un boleto de microbús pero no lo recoge a pesar de que se dió cuenta.
Ahí entré yo diciéndole:
-Oye, recoge eso.
-¿Por qué? es solo un boletito.
(Silencio mientras DCOW92 lo mira fulminantemente) – ¡Que lo recogas he dicho!
-¡Está bien! Tranquílo. Cielos, olvidaba que venía contigo.
-¡¿Eso qué significa?!
-Que no puedo tirar nada de basura, ni siquiera me puedo rascar porque suelto pedacitos microscopicos de piel al aire.
-¡Así es! Es bueno que lo sepas. – Y seguímos caminando hasta que encontramos un bote de basura para tirar el boletito.

Ok…lo anterior fue una DRAMATIZACIÓN de lo que en verdad sucedió. Simplemente por intentar hacerlo más gracioso (como si hubiera funcionado…). Lo que sí pasó fue lo escencial de la historia: a él se le cayó el papelito, yo le dije que lo recogiera y él me dió a entender que si yo no le hubiera dicho no lo hubiera recogido. Fin de la historia. ¿Verdad que de esta manera no fue tan divertido?

Entonces, a lo que quiero llegar es lo siguiente: un amigo tiene el poder de hacer que sus amigos sigan otro rumbo, que cambien un hábito o incluso una actitud. Úsenlo para bien. Tengan cuidado con lo que le recomiendan a sus amigos, pues al tener un lazo estrecho que los une sus palabras pueden ser tomadas con más seriedad de la que piensan. Recuerden, con un gran poder viene una gran responsabilidad.

 

Recordando el fin de este blog, que es mejorar la escritura y aumentar la lectura, pueden hacer uso de este poder que describo para que sus amistades sigan el ejemplo de no dejar morir a la lengua española.

¡Abajo el analfabetismo!

 

DCOW92

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